arrimos


Sobre el color y el retrato.

Pienso en las discusiones que encontramos en las cartas de Van Gogh sobre el retrato o el paisaje en las que dice: «Quiero hacer retrato, el retrato, hay que volver al retrato». Conceden mucha importancia a ello en sus conversaciones, en sus cartas: retrato, paisaje, no son lo mismo, no son los mismos problemas. 
Para mí la historia de la filosofía es como una especie de arte del retrato. Uno hace el retrato de un filósofo, pero hace el retrato filosófico de un filósofo, es más, diría que se trata de un retrato mental, un retrato espiritual. Así que es una actividad que forma parte de la filosofía misma al igual que el retrato forma parte de la pintura. Y... bueno, de pronto... el hecho de invocar a pintores me lleva un poco a... porque, por volver de nuevo a pintores como Van Gogh o Gauguin porque hay algo en ellos que me impresiona enormemente, y es esa especie de enorme respeto e incluso miedo, pánico, ante el color, ante el abordaje del color. Ahora bien, resulta particularmente divertido que estos pintores (los dos que cito, por atenerme a ellos), se cuentan entre los mejores coloristas. Pero si reconsideramos la historia de su obra, para ellos abordar el color es algo que se hace con temblores. ¡Tienen miedo! Y todo el comienzo de su obra, es lo que se llama colores patata, colores de tierra, nada brillantes. ¿Por qué? No porque les guste particularmente, sino porque no se atreven a abordar el color. Ahora, ¿hay algo más conmovedor que eso? Literalmente, ellos no se consideran dignos, no se consideran capaces todavía de abordar el color, es decir, de hacer verdaderas pinturas. Tuvieron que pasar años antes de que abordaran el color. Y una vez que piensan que son capaces de entrar en el color, entonces el resultado fue el que todo el mundo conoce. Sin embargo, cuando uno ve hasta dónde llegan, hay que pensar también en el inmenso respeto, en la inmensa lentitud a la hora de abordarlo. Para un pintor, algo como el color es en todo caso algo que lleva hasta la locura, hasta la sinrazón. Así, pues, es muy difícil: son precisos años antes de atreverse a tocar algo así. Entonces,  no se trata en absoluto de que yo sea particularmente modesto, sino que... pienso: en cualquier caso resultaría algo chocante que hubiera filósofos que dijeran lo siguiente: «voy a entrar en la filosofía, y voy a hacer mi filosofía. Ya tengo mi filosofía». Todo esto son declaraciones propias de un idiota... hacer su filosofía. Porque la filosofía es como el color. Antes de entrar en la filosofía, hay que tomar muchas precauciones. Diría que, antes de conquistar el color filosófico (y el color filosófico es el concepto), antes de saber o llegar a inventar conceptos, hace falta mucho trabajo. Y yo creo que la historia de la filosofía es esa lenta modestia. Hay que hacer retratos durante mucho tiempo. 

Deleuze, G. (2010), Abecedario, Buenos Aires, Colectivo Editor Devenir Imperceptible, pp.75-76





Sobre la tarea del artista.

Más profundas, más extensas que las leyes de la construcción, son las leyes de la destrucción. Pero destrucción y construcción son mecanismos asociados. Nada se puede construir sin una etapa previa de destrucción. Una lenta y solapada corriente de destrucción circula por la naturaleza que nos rodea, y toda esa tarea de destrucción confluye en la construcción de la vida. Y esa misma corriente de destrucción circula por el interior de la vida concediéndole a ésta su fuerza y su fragilidad, y esa magnífica calidad propia de lo efímero.

Todo cambio implica destrucción, y la naturaleza es esencialmente cambio. Este cambio se nos revela como tiempo. Así el tiempo resulta el gran destructor. A la materia que consideramos inmóvil la recorre una lenta ola de destrucción. El tiempo corroe la materia y en el transcurso de esa corrosión surge la belleza. La belleza es el rostro del tiempo...

Toca al artista revelar la universalidad del proceso de destrucción, hacer que se le pierda miedo al término, depurarlo de contenidos impuros: el odio, el resentimiento, el egoísmo. La destrucción depurada por el artista, llevado éste de la mano por el guía acre, cáustico, irreverente del humor, nos revelará inéditos mecanismos de belleza, oponiendo así su destrucción estética a esa orgía de aniquilamiento en que está sumergido el mundo de hoy.

Pellegrini, Aldo. (1987), Fundamentos de una estética de la destrucción, en Para contribuir a la confusión general. Buenos Aires, Editorial Leviatán, pp.135-140

Sobre el realismo
Es meramente ilusorio creer que sea realista una escultura romana o un retrato renacentista; en realidad estos no son sino el fruto de una convención, de una idea preconcebida. La realidad en cambio se nos escapa y la tarea consiste en tratar de observar atentamente para comprender que cuanto mas se desea representarla aunque sea en un mínimo detalle, más se convierte en una tarea inmensa.
Alberto Giacometti


Sobre el dibujo - Luis Scafati

El dibujo es un lenguaje. Un lenguaje que se aprende como cualquier lenguaje.
Puedo aprender una lengua extranjera, italiano por ejemplo, eso no significa que escribiré la Comedia.
Dibujo cuando escribo, dibujo cuando hago un planito para decirte donde está mi casa, dibuja quien decora una torta, dibuja sobre el tórax del paciente el cirujano antes de tomar el bisturí, dibujo con una cámara fotográfica, dibuja un mueble el carpintero antes de que esa idea sea de madera…son distintos modos del dibujo, distintos objetivos. 
En manos de un artista el dibujo es una herramienta poderosa.
Dibujar es ver, observar, analizar.
Mucha gente dibuja con los ojos cerrados aunque los tenga abiertos. Etiología del desacierto.
En una entrevista en Página 12 hace poco Marcia Schvartz decía esto: “El otro día le escuché decir a alguien que el dibujo ya fue. Es increíble, el dibujo es la base, es el alma del artista, es el soplo. Lo que pasa es que ahora hay toda una estética que pasa por otro lado, que pasa más por el uso de la tecnología. La sensibilización está ausente, y el mundo del arte está muy banalizado”.
Coincido plenamente, el mundo del arte está banalizado y una materia prima como es el dibujar se devalúa en nombre de la tecnología o del concepto.
También con imágenes creamos conceptos, es algo que ignoran los abogados de la palabra.
Estoy hablando demasiado, mejor me pongo a dibujar.

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