arrimos sin clasificar


Me fui con Kafka a una exposición de pintura francesa en la galería Graben. Había algunos cuadros de Picasso: bodegones cubistas y rosáceas mujeres de pies gigantescos. “Es un arte distorsionista obstinado” dije yo.
“No estoy de acuerdo”, dijo Kafka. “Sólo registra la deformidad que todavía no se ha adentrado en nuestra conciencia. El arte es – a veces- un espejo, que marcha adelantado, como un reloj.”
Gustav Janouch, Conversaciones con Kafka.


Mucha gente contempla un trabajo imaginativo (sea una película, una pintura o un poema) como si se tratase de un “informe de espionaje”, creyendo que es suficiente aplicar sobre la obra la clave de desciframiento correcta para transcribirla a un lenguaje “comprensible”. Este es un gran error. El público puede descifrar una obra de la imaginación mediante sus propias asociaciones, inmersas en su morfología mental, y solo entonces puede tener lugar la comunicación intersubjetiva y actuar entre el creador y el público.
Jan Svankmajer
Para ver, cierra los ojos.
Editor Pepitas de calabaza

«Existe un arte japonés en el que el artista está obligado a ser espontáneo. Debe pintar, en un pergamino tensado, con un pincel especial y acuarela negra, de tal modo que una pincelada brusca o interrumpida destruirá la línea o atravesará el pergamino. Borrones y correcciones están prohibidos. El artista debe practicar así una disciplina prodigiosa: ha de permitir que la idea se exprese a sí misma en comunicación con sus manos, directamente, de tal manera que la deliberación no interfiera. Las pinturas resultantes carecen de la composición compleja y de las texturas que ostenta la pintura convencional, pero se dice que quienes las ven encuentran en ellas algo capturado que escapa a la explicación. Esta convicción de que la acción directa es la reflexión más llena de significado, creo, ha propiciado la evolución de las disciplinas extremadamente severas y únicas del jazz o del músico improvisador.»


Bill Evans, «A Japanese art», contratapa de la edición original del LP Kind of Blue (1959).









Escrito a la edad de setenta y cinco años, por mí, antes Hokusai, hoy Gywakyo-Rojin (el loco del dibujo)»

—Robert Bonfils, «Iniciación al grabado» (Poseidón, Buenos Aires, 1945, p. 119).

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